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7 de enero de 2026

Venezuela: El "Orden" Mundial no es nuevo y se recrudece ahora, sin caretas.

 Desde el secuestro de Maduro, presidente de Venezuela, estos primeros días de 2026, se ha escrito mucho. Algunos análisis muy buenos y también se han dicho muchas mentiras. Grosso modo y bajo mi entender, vuelve la desfachatez de EEUU, esta vez sin careta alguna.

 A lo largo de la historia hemos visto golpes de estado en Centroamérica y en América del Sur orquestados desde el norte. Entre muchos otros, están bien presentes los golpes en Chile o Argentina. También montones de invasiones en el resto del mundo (Afganistán, Irak, Libia...), con las más variopintas excusas. El móvil siempre es el mismo. Se disfrazan de defensores de la libertad para apropiarse de materias primas o de territorios estratégicamente interesantes. Hacen alarde de la defensa de un mundo libre cuando lo que persiguen es su dominio para el extractivismo. Para ello matan, mienten y siempre culpan a otros.

 La diferencia esta vez es que ya no fingen respetar los acuerdos internacionales de no injerencia en los asuntos internos de otros países. Y eso abre la puerta a que ya no se guarden las formas y se recrudezca la violencia y lo hacen porque creen que pueden. Y pueden si nadie les planta cara. Falta el valor para decir basta ya de tanta impunidad y basta ya de esta carrera hacía la autodestrucción . Coincido en lo que se explica en este artículo reciente del Diari de Terrassa.

Con este asalto a Venezuela se ha abierto la veda aún más de lo que ya lo estaba: si eres poderoso, puedes quedarte lo que quieras. Si antes vivíamos en la jungla, dominaba el más fuerte, pero se mantenían ciertas formas, ahora ya no hace falta disimular, estamos en la Jungla. Y siguen habiendo normas y leyes, que solo tendrán que acatar los de abajo, por supuesto.

Sin embargo en este modelo absolutista trumpiano veo debilidad. Un poder basado en el miedo y en la fuerza bruta, a corto plazo se impone pero a largo plazo lleva a un continuo de vida en el conflicto difícilmente sostenible. Miro al rubio cara de niñato malo y consentido haciendo muecas y veo un ser patético, macabro, grosero y estúpido. Y me pregunto cómo se llega al poder siendo así y bueno, está claro que tiene un colchón de personas y grupos de interés alrededor sin un ápice de empatía, con una visión extractivista cortoplacista y que se deben creer eternos.

Hay otras formas de hacer. Tal vez aún estemos a tiempo. Esas formas que a priori son utópicas pasan por reducir la producción sin freno y sin planificación y por fomentar una educación en valores que consideren que una vida de calidad conlleva compartir experiencias, vivir de forma comunitaria, teniendo tiempos para escucharnos y mirarnos a los ojos, más que en comprar sin medida y tener tantas cosas inútiles. Algún día tendremos que doblegarnos a la evidencia que el futuro es comunitario o no será.

No me gustan los absolutismos, ninguno. Me gustaría un modelo participativo, caminar de otra forma. He de decir, sin embargo, que veo en el modelo chino un fondo y una inteligencia diferentes.

Hace pocos días llegó a mi móvil un vídeo hecho con IA en el que parecía que hablaba un politólogo norteamericano, John Mearsheimer. Por la traducción y las maneras de expresión mi intuición me llevó a pensar que el documento estaba realizado desde China. Y el análisis venía a decir que Trump demuestra debilidad más que fortaleza y que actúa bajo la desesperación, ya que está inmerso en un modelo que colapsa y que necesita colonizar y extorsionar a otros para seguir adelante lo que conlleva conflicto, guerra y destrucción a corto y largo plazo. Para ello utiliza un despliegue mediático de fuerza para infundir temor, aunque la realidad interna de EEUU no es compacta ni firme. Por contra ponía en valor el modelo chino con inversiones meditadas y estratégicas y un modelo de desarrollo horizontal.

 Estuve este verano y tuve la oportunidad de constatar que China es potencia le pese a quien le pese. Lo sabemos hace años. En pocas décadas ha modernizado el país. Han edificado ciudades, con zonas ajardinadas, todas interconectadas con trenes de alta velocidad. Los transportes urbanos baratísimos. Bibliotecas maravillosas (tal vez esten vetados algunos libros y eso no me gusta). Tecnología punta en todos los sectores. Es verdad que hay mucha vigilancia y lo que decide el Estado no se discute. Hubo momentos en que me enfadé por no poder acceder a según qué zonas y por sentir que mi libertad individual era limitada. Ello no invalida que la visión de los dirigentes es que su población pueda vivir y mantiene la idea de bien común que en occidente se deja en manos de un sector público en cuestionamiento y ataque continuos. China ha invertido en infraestructuras, con una dirección fuerte, una población de millones de seres, formada y que trabaja mucho. En la preciosa biblioteca pública de Tongzhou, en Pekín, pude hojear y ojear un manual escrito por su presidente, Xi Jimping, traducido a todos los idiomas, en el que explica su modelo de gobierno y administración. Seguramente también habría mucho qué decir y comparar la teoría con la práctica pero ahí está recogido el modelo. Debo señalar también que a pesar de todo, China también ha invadido territorios. Pienso en Tíbet y tampoco me gusta.

Estados Unidos con su tan cacareada defensa de la "libertad" de mercado, no quiere que nos demos cuenta que el mercado por si solo no arregla los problemas de la gente, que las desigualdades crecientes necesitan un orden diferente. Su modelo deja en los márgenes a millones de personas y ahora, como siempre, se ve en la necesidad de suplir sus enormes deficiencias a través de la extorsión y el neocolonialismo. 

Tenemos enfrente a esos psicópatas que están en la cúspide del poder, que parecen pretender vivir eternamente y solo junto a unos pocos elegidos.

La cuestión es qué queremos nosotras? Si optamos por un mundo que posibilite vidas dignas, necesitamos sistemas intervencionistas en los que la población sea activa en la toma de decisiones políticas. Debemos construir nuevos modelos. Para ello es indispensable la educación y la formación con valores. Hemos de entender que no todo vale y que un modelo de crecimiento material sostenido es insostenible.

Como ciudadanía, no podemos dejar que sigan manejando al mundo como si fuera su coto privado de caza. Nos toca formarnos, conocer la historia, organizarnos y salir a las calles. No hay escapatoria.